domingo, 10 de junio de 2012

ORIGEN

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Salgo del agua. Estoy mojada, muy mojada y una humedad penetrante me rodea y se cala hasta mis huesos. Siento como las gotas se deslizan por mi piel y caen al suelo, produciendo un sonido regular y continuo. Mi pelo se apoya en el hombro, dejándose caer lacio y pesado hacia abajo. Empiezo a avanzar por la dura madera del suelo que recubre el muelle, el puente en el que me encuentro subida y camino por él. Pero de pronto me invade una necesidad acuciante de parar, dejar atrás el camino que acabo de emprender y volverme a sumergir para sentir de nuevo esa sensación de estar flotando, de haber cambiado de mundo, de ser otra persona. Y por una milésima de segundo, tomo la decisión de hacerlo y no volver para tomar aire de nuevo, nunca. Aunque hay algo que me lo impide, un pequeño ángel de la guarda o uno de los malos, según se mire, que hace que mis pensamientos tomen otra dirección y mis ojos desvíen su atención a mis pies, con arrepentimiento. Y ahí veo, marcadas con un contorno perfecto, mis huellas; la forma de mis pies dibujadas con agua, oscureciendo el marrón que está bajo mi cuerpo. Destacan las uñas, pintadas con un rojo intenso y brillante que me recuerda al color de la sangre, como la que caía de sus heridas y lo dejaban malherido y demacrado por el dolor.. Entonces un fuego lleno de rabia, distinto al que estaba acostumbrada, penetra en mis venas y me quema por dentro, activando la parte de mi cerebro que odia sufrir y no quiere volver a tener sensaciones como aquella. Decido en ese momento que quiero recordar, volver a ver las imágenes de mi historia dentro de mi cabeza una y otra y otra y todas las veces que haga falta hasta que me acostumbre a ellas, o incluso las aborrezca, dejándolas apartadas para siempre. Voy a volver a vivir el origen de mi vida actual, y lo superaré, cueste lo que cueste. Suspiro y reemprendo la marcha, en dirección a todo lo que guarde alguna relación conmigo. Empieza la aventura.

jueves, 17 de mayo de 2012

Summer of 69'

¿Alguna vez, durante todo el invierno, la primavera y el otoño, te has parado a  pensar en nuestro amor de verano? Sí, ese que empezó como un juego de niños y acabó siendo un mar de lágrimas, como en el que nos bañábamos desnudos solo en compañía de la luna. La única que vio como nos fundíamos en besos hasta el amanecer, en los que disfrutábamos el uno del otro abrazados en la arena. La misma que nos sirvió de cama cuando nuestros balcones habían sido cerrados por dentro y solo nos quedaban dos toallas con las que taparnos. Las cuales nos cubrían del viento frío que azotaba la húmeda noche de aquella playa en mitad de ninguna parte, produciendo un sonido suave y relajante que se juntaba con tu respiración y los latidos de tu corazón. El mismo que durante esos tres meses de buen tiempo y calor abrasador eran mi tesoro más preciado; algo imposible de regalar o dejar de querer, más valioso que el oro y mucho más brillante que un diamante. Y nada como tu sonrisa, esa que me hacía a mi feliz y que nos adentraba en un bucle de increíbles sentimientos alegres y reconfortantes, añadidos a la seguridad que me daban tus brazos. Por todo eso y más, mucho más, yo he pensado cada día en ti. En esos pequeños segundos que nuestras miradas se encontraban y conseguías hacer que levantara la comisura de los labios sin razón aparente. Recordando cada momento en el que no importaba más que tú y el roce de tus labios, con ese suave tacto que me hacía desearlos cada vez con más intensidad. Sintiendo una vez más tus caricias y tus abrazos, y pudiendo oler de nuevo tu colonia, la cual venía a mi según el antojo de la brisa, la misma que revolvía mi pelo y lo enredaba, haciendo que pasaras tus dedos con suavidad para separarlo de nuevo. He revivido todas las sensaciones de ese verano siempre que veía aparecer un rayo de luz, caer una gota de lluvia o contar una estrella, y eso me ha matado por dentro, rasgándome cada día una parte del corazón que se iba volando esperando encontrarte de nuevo y traerte de vuelta hacia mi. Y la duda me sigue haciendo sufrir. Imaginarme que para ti todo eso no fue importante es como tener un puñal clavado en lo más profundo de mi pecho, como no poder respirar por tener tierra en los pulmones, como no poder andar por no ser lo suficientemente fuerte, como quemarme en cada roce con la realidad. Entonces dime, ¿recuerdas todo eso? Porque yo llevo nueve meses esperando poder revivirlo, a tu lado.


lunes, 14 de mayo de 2012

Cambios.

Piensas que todo está normal, y con normal me refiero a todo lo común que pueden ir las cosas en un mundo de locos como es este en el que vivimos, y que la vida avanza a paso firme con la misma rutina que lleva siguiendo tanto tiempo. Pero, sin que te des cuenta, poco a poco, paso a paso, se ha ido rompiendo por dentro; al principio eran pequeñas grietas, avisos de lo que podría ocurrir se no se arregla el problema a tiempo, después son pequeños pedacitos que se desprenden, dejando un hueco casi insoldable en lo que te rodea, y al final, como broche de oro a la obra de teatro que se representa, todo explota. El fuego del interior de eso que avanza a paso lento explota, incapaz de permanecer retenido por mucho tiempo. Y el mundo se fragmenta, se convierte en pedazos de personas y recuerdos que están vinculados a ellas. Y es cuando te das cuenta de lo que ha pasado, cuando ves a muchas de las personas que te importan llorando y derramando lágrimas que sabes que son en parte por tu culpa, cuando tú abres los ojos. Y el agua se agolpa rodeando tus pupilas para salir, pero aguantas, porque sabes que no tiene sentido. Dicen que has cambiado, que estás alejada, que los ignoras y por tu mente solo corre una pregunta: si todos piensan que no estoy con ellos, ¿con quién estoy entonces? Y no encuentras respuesta, porque te das cuenta de que en realidad estás perdida. Perdida en un lugar en el que ni lo más sencillo es fácil y en el que lo más complejo es imposible de resolver. Perdida en la soledad de saber que tienes a mucha gente que no quiere que la  tengas porque piensan que no te tienen a ti.

domingo, 6 de mayo de 2012

Fantasía e incoherencia.

Estás llegando, tus pasos te dirigen poco a poco y con una lentitud similar al aleteo de un colibrí al lugar en el que tu corazón desea estar. Escuchas como las gotas de lluvia golpean en tu paraguas, produciendo un sonido único, y aumentando el ritmo conforme las nubes descargan sobre la ciudad. El agua que inunda el suelo moja tus pies sin piedad, sin importarle el frío que cala en tus pies, penetrando por los poros de tu piel y llegando a tus huesos. Te acercas y levantas la mano para tocar la verja antes del cristal que forma la puerta.; esa verja de color negro con textura rugosa y que tantas veces has sentido bajo tus dedos. Sacas la llave, de color dorado, y la encajas en la cerradura, haciéndola girar hacia la derecha con rapidez y mientras tiemblan tus manos. Empujas el pomo con mucho esfuerzo, utilizando tus últimas reservas de energía en ese movimiento. Entras, y dejas tras de ti un mundo en el que no queda ni un espacio seco al aire libre. Y entonces te derrumbas. Las piernas te fallan, no pueden soportar el peso de tu cuerpo y el de las lágrimas que recorren tu cara sin parar y te caes. Te arrastras hasta que las frías y duras losetas te paran, dejando que los sollozos desgarren tu garganta produciendo un eco ensordecedor en el portal en el que te encuentras. Sientes la necesidad de chillar, gritas para decirlo todo y que alguien te escuche por fin, pero en lugar de eso, te encoges sobre ti misma y entierras la cabeza entre tus rodillas. A través de tu mente pasa un torrente de pensamientos que llega al corazón por medio de las venas convertido en sentimientos. Y allí se convierten en dolor. El tiempo corre. Pueden llegar a pasar horas hasta que, sin llegar a decidirlo del todo y más bien por instinto, te levantas y te diriges a casa. Vas, pero sin ir; piensas, sin pensar y entras sin saber. En cuanto llegas a tu habitación, ese lugar en el que tantos momentos has pasado, te tumbas en la cama y ahí te quedas, con las marcas de haber estado llorando todavía en tus mejillas y los ojos rojos. No quieres que te vea nadie, quieres ocultarte en tu propio universo y dejar que toda la realidad desaparezca tras una nube de falsa e inventada felicidad. Te sumerges en tu propio paraíso y desconectas de todo lo que se esconde tras tu ventana, por la cual solo entra la luz de las farolas de la calle y el sonido del repiqueteo de la lluvia. Y allí, en un silencio ensordecedor y una oscuridad muy clara, tus labios se curvan en una pequeña sonrisa en la que todo lo malo desaparece y lo bueno se transporta más allá de los sueños y la fantasía.

lunes, 30 de abril de 2012

La felicidad no es inspiradora.

A veces la inspiración se vuela con los recuerdos, desaparece junto con el dolor, se volatiliza al lado de las lágrimas y se funde con los sueños hasta hacerse invisible. Cuando la felicidad recorre tus venas, y las sonrisas se alternan entre sístole y diástole, suspiro y espiro, la imaginación se esconde en el lugar más recóndito de tu mente. Aparentemente, la creatividad se ha vuelto invisible, ha cogido su capa de color desconocido y se ha dejado llevar por el viento hasta lugares lejanos y perdidos por el mundo, donde no puedas encontrarla. En ese momento  piensas que le has dicho, sin querer y con todo el dolor de tu corazón, adiós a la fuerza que creías inalienable y dirigía tus dedos al escribir, al pulsar las teclas, al sujetar la pluma mientras la deslizabas por el papel, creando dibujos con forma de letra. Y, en el fondo de tu ser, escondido en un rincón de tu alma, vagando por dentro de tu cerebro, hay una pequeña voz que te dice que necesitas estar triste para que vuelva, te susurra en el oído palabras envenenadas de mentiras que te comen por dentro como si de hielo ardiente se tratara. Tal vez lleve razón, tal vez no; quizás solo cometa un error al siquiera creer que exista, o quizás sea fruto de mi propia imaginación, que echaba de menos inventar, crear y hacer realidad simples sueños. No puedo saber con certeza cual es la verdadera respuesta, pero ahora tengo por seguro que he cogido toda la valentía y el coraje de mi corazón para escribir, a pesar de ser feliz.


miércoles, 29 de febrero de 2012

Solo quedan recuerdos...

¿Te acuerdas de ese sitio? Ese prado, rodeado de árboles, con su banquito de madera en el que daba miedo sentarse. Era otoño cuando lo visitamos por primera vez. Nadie podía salir ese día, estábamos solo tú y yo, y ninguno tenía ganas de quedarse en casa encerrado y aburrido; ¡ya habría tiempo de eso cuando empezara a llover! Fuimos a dar un paseo. Nos reíamos, me contaste lo que habías hecho por la mañana y lo productivo que había sido ese Sábado para ti. Me escuchaste en silencio y solo me abrazaste cuando te dije que la noche anterior había estado llorando. Y sin darnos cuenta, cada vez andábamos mas cerca, poquito a poco, centímetro a milímetro, inspiración tras espiración. Tu mano entonces rozó la mía, fue un momento incómodo y entonces te decidiste a cogerla. No quedaba apenas camino para llegar pero, aún así, yo me dejé. Me sentía bien con el calor de tu piel, estaba suave y era reconfortante. Entonces apareció ese pequeño espacio vacío de árboles en mitad de la nada, que nunca antes habíamos visto. ¡Perfecto! Las hojas de los árboles se habían caído y cuando andabas las escuchabas crujir bajo tus pies, siempre he amado ese sonido. Nos sentamos en unas piedras pero no nos soltamos. Me apoyé sobre tu hombro y me acariciaste el pelo. Era extraño, nunca habíamos sentido nada mas que amistad el uno hacía el otro. Pero, en ese momento, al levantar la vista y mirarte a los ojos me di cuenta de que nada volvería a ser como antes. Tú también lo notaste y te acercaste a mi cara. Tus labios se pegaron a los míos, como si de imanes se tratasen y me dejé llevar a un mundo de fantasía y amor. Ahí empezó todo. Mi corazón se aceleraba al verte, mi vello se erizaba al sentirte, mis labios pedían mas de ti. Pero pasó lo que siempre pasa, el tiempo. Y los sentimientos se enfrían y dejan de renacer en nosotros a cada segundo. Y bueno, aquí estoy de nuevo, recordando cada momento. Fueron bonitos, al menos para mi. ¿Y sabes ese día que me dijiste "te querré siempre, no te puedo prometer que de la misma forma, pero siempre te querré. Que nunca se te olvide" y te dije que yo también? Pues cumplo mi promesa, ahora no eres lo que fuiste, pero siempre serás parte de mi corazón. Porque nunca olvidaré a una persona que me impedía llorar y me obligaba a sonreír con solo una mirada; y que me ha regalado su alma en besos; que me ha hecho estremecer con sus caricias; que me ha hecho suspirar de felicidad...

lunes, 20 de febrero de 2012

Aprendí a ser fuerte.

-¿Ves a esa chica? Esa que llora en la esquina, que tiene el maquillaje corrido y los ojos rojos. ¿La ves? Tiene el corazón roto. 
+¿Por quién?
-Por un estúpido que le dijo que la quería, pero nunca lo demostró. Y ella se lo creyó, porque estaba ciega.
+¿Y qué mas ha pasado?
-Él decidió dejarla. Romperle el corazón. Jugar con ella. Le hizo regalos, le dio besos y abrazos, pero nunca amor.
+¿Y por qué seguían juntos?
-Porque ella no se daba cuenta. No era capaz de ver el daño que él le hacía. 
+¿Acaso no sentía todo el dolor de a quién la persona que ama le falla?
-Lo sentía, pero dejarle ir era mas difícil. Sabía que lo perdería para siempre, y lo necesitaba para vivir. Era su aire, era su oxígeno.
+¿Y tú como sabes todo eso?
-Porque el otro día era yo la que estaba en esa esquina llorando por ti.